Dolor y consciencia

A través del duelo se abre una puerta. 

Es un misterio lo que cada uno y cada una transitará durante el duelo.

Esa puerta esconde el dolor y también la posibilidad de aumentar nuestra consciencia.

Me considero una aprendiz de la vida, durante muchos años he sido una buscadora de respuestas, parte del anhelo de encontrar sabiduría y un espacio seguro donde poder expresar mi dolor y ansiedad.

Y aprender a acompañarme para acompañar.

En un primer momento, busqué para disminuir mi dolor y mi angustia. Para dejar de sobrevivir, de ir en el piloto automático.

Durante mi viaje vital, encontré espacios donde fui acompañada amorosamente y con compasión. Agradezco infinitamente esos espacios de amor e interrogación humana.

Gracias a Verónica, Marta y David.

Donde aprendí y sigo aprendiendo a cuidarme, a escucharme, a ver mi herida y a cuidarla.

También aprendí de lugares y terapeutas donde no me sentí respetada y de los cuáles me fui. Agradecida porqué allí también aprendí, a cuidarme, a poner límites, a escucharme, a respetarme, a amarme.

En mi peregrinaje, que continua a día de hoy, observo mi herida y siento con más intensidad su dolor a medida que soy más consciente.

A veces me sigo perdiendo buscando culpables en el exterior, sigo aprendiendo cuando me doy cuenta de ello y me voy responsabilizando de mi dolor.

A cuidar de mi herida. A responsibilizarme de ella.

Y en esos momentos de apertura, logro sentir desde mi estómago a mi pecho, mi herida y su profundidad.

Cierro los ojos y siento que emerge un inmenso dolor. Y desde donde puedo siento el dolor.

Ese dolor tan intenso que el ego, como mecanismo de defensa, desesperadamente busca fuera de si mismo acabar con los «culpables» que causan su dolor. En vano. Pues la herida sangra dentro de nosotros mismos. La realidad solo es un reflejo.

A veces pienso. Si mi pareja deja de hacer esto que me irrita tanto, estaré bien, si fuera las cosas están más calmadas. Estaré bien, me sentiré segura. Entonces no sentiré tan intensamente el dolor de la herida bajo mi pecho.

Y cuando mi pareja toca mi herida, cuando mi padre, mi madre, mi hermano, mi amiga, mi terapeuta detonan algún resorte interno que resuena con mi herida.

¡Zas! Dolor, el otro es malo, si lo otro cambia no sentiré este dolor y desaparecerá –piensa el ego– lo externo es lo dañino.

Es un regalo sentir esa herida porqué me ayuda a darme cuenta y a cuidarla. A responsabilizarme de mi. Y sí, duele. Y sí, a veces me desborda. Y sí, me hace estar más conectada a la vida.

El duelo es un proceso de tránsito por muchas emociones entre ellas el dolor de nuestra herida.

Lo más honesto que te puedo decir, aquí y ahora, es que sí la herida duele y va estar allí contigo. No hay caminos milagrosos, no existe la posibilidad de redimir la herida, de curarla completamente. Sí existe la posibilidad de ver esta herida y de cuidarla, de ir poniendo consciencia entre tanto dolor. De encontrar maneras de navegar y acompañar amorosamente, compasivamente y desde donde podemos. Con nuestros tropiezos y momentos de ceguera que forman parte del camino.

Yo te ofrezco un espacio de honestidad, de compasión, de no juicio, de apertura para poder verse y aprender a responsabilizarse del dolor. Un lugar donde aprender a vivir una vida con una mayor honestidad con una misma/uno mismo, ampliando consciencia del dolor y también del placer, de la alegría, de la vitalidad.

El proceso de duelo es un proceso de regreso a la vida, de conectar con la vitalidad y todos los colores de la vida.

Un camino de vida que nos lleva a conectar con nuestro corazón y las corazas que hemos creado para sobrevivir. Pasar del sobrevivir a vivir, con todo lo que ello implica, con sus retos y hallazgos.

No tenemos referentes sociales que nos inviten a recorrer este camino, desde la honestidad y el amor. Y a la vez hay personas que nos vamos encontrando en el camino y con las que vamos desarrollando/caminando un lenguaje de amor, compasión y honestidad.

Que nuestro corazón nos guíe para encontrar esos lugares y personas a lo largo del camino.

Actualmente ofrezco sesiones grupales e individuales presenciales y online. Si quieres obtener más información o si quieres contactar conmigo entra aquí.

Volviendo a Ítaca

Hoy me gustaría contar una historia que planta sus raíces en la experiencia humana. Una historia que ha sido repetida en miles de novelas. De como la vida, en su infinita paciencia y sabiduría, tiene su manera única de llevarnos de nuevo a casa. A esa ‘Ítaca’ donde Penélope (alma) teje un tapiz que luego deshace esperando nuestra llegada.

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No importa cuantas épocas hayan transcurrido, ni cuantas personas hayan realizado o iniciado ese regreso, este viaje es siempre el mismo. Salir de nosotros mismos, salir al mundo perdernos, naufragar, experimentar la vida y de esa perdida volver al hogar a nuestra esencia.

En mi experiencia personal y también en mi trabajo he sido testigo – acompañante de esas idas y retornos.

El dolor abre una misteriosa puerta a las profundidades abismales del alma, donde la muerte trabaja mano a mano con la vida, aunque la mayoría de veces nos cueste lágrimas de sangre aceptar su solitario trabajo.

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Cada ser humano tiene una historia de pérdidas y cada una de ellas es un hilo que nos une con lo esencial. Bajo los dominios de la muerte, la vida se queda desnuda como los árboles en invierno.

Y es bajo esa nueva luz que nos desnuda y desanuda que todo se ve claramente; la belleza o la crueldad, la brutalidad y dolor, la tristeza o el vacío… Nos quedamos al desnudo sin adornos caducos que se desprendieron de nuestras ramas y murieron.

Solo hace falta encender la televisión, youtube, leer una revista o salir a la calle con miles de carteles publicitarios para ver lo muy identificados que estamos como sociedad con lo superficial, la imagen y lo aparente.

Gastamos miles y miles de euros en: ropa, maquillaje, peluquería, joyería, coches, bolsos… Creamos un personaje a la moda y feliz. Al adquirir todo aquello que nos aseguran nos dará la felicidad, se olvidan de decirnos que es una pseudofelicidad efímera y vacía. Vivimos largo tiempo en ese carrusel ilusorio de felicidad enfrascada, anunciada por el modelo o influencer de moda… Con subidas y bajadas.

Y en ocasiones cuándo el ciclo vital así lo decide y algo muy querido ya sea una relación, un trabajo, la muerte de un familiar…termina. Y aquello que antes servía y me llenaba a momentos, se vuelve totalmente vacío, seco y sin sentido. Entonces despiertas… te miras y miras con nuevos ojos.

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Nada externo ha cambiado, el cambio viene de adentro.

Y es gracias a esa llamada que podemos realmente bucear hacia dentro, dirigiendo nuestra energía hacia nuestro corazón. Sintiendo nuestra fragilidad, incomprensión y dolor.

Abrazando la desnuda y exótica belleza de la flor caótica que nos trae esa pérdida, escuchamos esa íntima llamada de regreso a nuestro centro.

Ese dolor que nos da la oportunidad de volver a nuestra ‘Ítaca’, de sintonizarnos con nuestro interior. De amarnos sin tanto maquillaje, sin tantos artificios…

Y la muerte se convierte entonces en una compañera sabia que nos ayuda a vernos desnudos.  Su mirada nos obliga a contactar con lo nuevo y doloroso.

Y este viaje es infinito, en cada sagrada ida y venida en su constante ‘ola’. Futuras olas del desarrollo humano que nacen y mueren en el océano-mar de la consciencia.

Muchos peligros acecharan nuestros pasos de vida-muerte-vida. Y nos podrán quitar todo pero el descubrimiento esencial es la eterna-alma. Compañera eterna. Vela de nuestro barco. Y de eso va esta historia de reencontrar en infinitas formas el tesoro oculto que trae cada pérdida, cada muerte y cada final.

¿Te atreves a bucear conmigo? Te ofrezco un espacio donde contactar contigo y acompañarte en tu desarrollo humano a través de tu proceso de duelo. Para concertar una cita presiona aquí