RespirAR(TE)

Vivir implica atravesar paisajes humanos, paisajes de sentires fuera y dentro.

Vivir es un viaje profundamente subjetivo en el que, a su vez, compartimos con otras subjetividades.

La complejidad de la vida, que se traza desde nuestro nacimiento, en nuestro desarrollo continuo, vamos aprendiendo a diferenciarnos del otro/otra buscando un equilibrio entre contacto retirada ese otro/otra, de esa vida que palpita, nos atraviesa y se expresa en su biodiversidad de sentires, miradas, formas.

Muchas veces, vivimos con miedo lo distinto, como si el acto de que algo fuera ajeno a nuestro sentir o pensar, fuera una amenaza.

Y en ese miedo a lo distinto, todo nuestro cuerpo se ve afectado. Me gustaría en el día de hoy ofrecerte una herramienta básica para acompañarte, tu respiración, elemento clave para contactar con nuestro cuerpo y transitar las emociones. Bien usada se convierte en una brújula desde donde guiarnos y acompañarnos.

La respiración algo tan básico y esencial, a nuestra disposición. La respiración nos abre a la vida y a la vez nos lleva hacia nuestro interior. Dos movimiento aparentemente antagónicos permiten la vida. Esos movimientos se concatenan incesantemente, inhalación y exhalación, y en ese equilibrio vivimos. Sin alguno de estos dos movimientos desaparece la vida dejaría de existir.

¿Cómo respiras en tu día a día?

Te invito a poner atención a tu respiración, en este momento, ¿tu vientre está relajado y tranquilo?, ¿talvez se tensa? ¿cómo es la respiración: superficial, profunda?

¿Influye si tu respiración es profunda o superficial en tu estado físico y emocional?

Respirar/te se convierte en arte, una sabiduría que se va desplegando a través de la experiencia y la atención a este movimiento, como la ola en el océano que viene y va.

Al practicar y poner consciencia recuperamos de manera natural la sabiduría de nuestro cuerpo que sabe como respirar. Podemos abrir espacios donde respirar amorosamente lo que nos sucede, sin juicios, si hay miedo, tristeza, alegría, incertidumbre, dolor, angustia…

Esa respiración que conecta nuestro pecho a nuestro bajo vientre receptáculo de nuestras emociones allí esperan ser sentidas, al respirar abrimos caminos conscientes para conectar con lo que hay. Tememos respirar por miedo a sentir dolor y es justamente eso lo que nos bloquea, en esas situaciones acabamos explotando al no poder contener por más tiempo.

Normalmente explotamos con las personas que más amamos o más confianza tenemos. Padres, hermanos, parejas… Acumulamos situaciones de frustración, dolor y angustia de las que no expresamos en el momento, creando inconscientemente una bomba emocional, que suele explotar en el peor momento y de manera muy destructiva para uno/una misma y para el otro/otra.

Todos y todas tenemos mecanismos evitativos para sentir y expresar ciertas emociones porqué nos producen dolor, desasosiego, incomodidad, incertidumbre… En mi experiencia es cuando nos abrimos a sentir a través de la respiración abrazando lo que hay y a expresarnos una vez la emoción ha hecho su ciclo, que encontramos los tesoros ocultos bajo esas emociones.

Hoy te propongo empezar a caminar con eso que te incomoda, a respirarlo, a verlo, sin juicio desde donde puedas hoy. Y si necesitas ser acompañada o acompañado, puedes ponerte en contacto conmigo aquí.

Actualmente ofrezco sesiones de piscoterapia individuales online y presenciales en Barcelona. Y una vez al mes un espacio grupal presencial de duelo y desarrollo humano. Para más información del próximo grupo aquí.

Dolor y consciencia

A través del duelo se abre una puerta. 

Es un misterio lo que cada uno y cada una transitará durante el duelo.

Esa puerta esconde el dolor y también la posibilidad de aumentar nuestra consciencia.

Me considero una aprendiz de la vida, durante muchos años he sido una buscadora de respuestas, parte del anhelo de encontrar sabiduría y un espacio seguro donde poder expresar mi dolor y ansiedad.

Y aprender a acompañarme para acompañar.

En un primer momento, busqué para disminuir mi dolor y mi angustia. Para dejar de sobrevivir, de ir en el piloto automático.

Durante mi viaje vital, encontré espacios donde fui acompañada amorosamente y con compasión. Agradezco infinitamente esos espacios de amor e interrogación humana.

Gracias a Verónica, Marta y David.

Donde aprendí y sigo aprendiendo a cuidarme, a escucharme, a ver mi herida y a cuidarla.

También aprendí de lugares y terapeutas donde no me sentí respetada y de los cuáles me fui. Agradecida porqué allí también aprendí, a cuidarme, a poner límites, a escucharme, a respetarme, a amarme.

En mi peregrinaje, que continua a día de hoy, observo mi herida y siento con más intensidad su dolor a medida que soy más consciente.

A veces me sigo perdiendo buscando culpables en el exterior, sigo aprendiendo cuando me doy cuenta de ello y me voy responsabilizando de mi dolor.

A cuidar de mi herida. A responsibilizarme de ella.

Y en esos momentos de apertura, logro sentir desde mi estómago a mi pecho, mi herida y su profundidad.

Cierro los ojos y siento que emerge un inmenso dolor. Y desde donde puedo siento el dolor.

Ese dolor tan intenso que el ego, como mecanismo de defensa, desesperadamente busca fuera de si mismo acabar con los “culpables” que causan su dolor. En vano. Pues la herida sangra dentro de nosotros mismos. La realidad solo es un reflejo.

A veces pienso. Si mi pareja deja de hacer esto que me irrita tanto, estaré bien, si fuera las cosas están más calmadas. Estaré bien, me sentiré segura. Entonces no sentiré tan intensamente el dolor de la herida bajo mi pecho.

Y cuando mi pareja toca mi herida, cuando mi padre, mi madre, mi hermano, mi amiga, mi terapeuta detonan algún resorte interno que resuena con mi herida.

¡Zas! Dolor, el otro es malo, si lo otro cambia no sentiré este dolor y desaparecerá –piensa el ego– lo externo es lo dañino.

Es un regalo sentir esa herida porqué me ayuda a darme cuenta y a cuidarla. A responsabilizarme de mi. Y sí, duele. Y sí, a veces me desborda. Y sí, me hace estar más conectada a la vida.

El duelo es un proceso de tránsito por muchas emociones entre ellas el dolor de nuestra herida.

Lo más honesto que te puedo decir, aquí y ahora, es que sí la herida duele y va estar allí contigo. No hay caminos milagrosos, no existe la posibilidad de redimir la herida, de curarla completamente. Sí existe la posibilidad de ver esta herida y de cuidarla, de ir poniendo consciencia entre tanto dolor. De encontrar maneras de navegar y acompañar amorosamente, compasivamente y desde donde podemos. Con nuestros tropiezos y momentos de ceguera que forman parte del camino.

Yo te ofrezco un espacio de honestidad, de compasión, de no juicio, de apertura para poder verse y aprender a responsabilizarse del dolor. Un lugar donde aprender a vivir una vida con una mayor honestidad con una misma/uno mismo, ampliando consciencia del dolor y también del placer, de la alegría, de la vitalidad.

El proceso de duelo es un proceso de regreso a la vida, de conectar con la vitalidad y todos los colores de la vida.

Un camino de vida que nos lleva a conectar con nuestro corazón y las corazas que hemos creado para sobrevivir. Pasar del sobrevivir a vivir, con todo lo que ello implica, con sus retos y hallazgos.

No tenemos referentes sociales que nos inviten a recorrer este camino, desde la honestidad y el amor. Y a la vez hay personas que nos vamos encontrando en el camino y con las que vamos desarrollando/caminando un lenguaje de amor, compasión y honestidad.

Que nuestro corazón nos guíe para encontrar esos lugares y personas a lo largo del camino.

Actualmente ofrezco sesiones grupales e individuales presenciales y online. Si quieres obtener más información o si quieres contactar conmigo entra aquí.

El arte de VIVIR las crisis

Nuestra existencia es compleja y contradictoria, en continuo movimiento, viva y llena de contrastes.

Hoy te propongo apreciar el desafío y la belleza de estar vivos y vivas.

Flores

La vida trae cambios y las transformaciones externas e internas que nos pulsan, a nivel individual y colectivo.

Ahora podemos cuidar la creación más importante, nuestra vida, al nutrirla va despertando del letargo y nos invita a ocuparnos de lo esencial.

VIVIR

en vez de

sobrevivir.

Volver a la naturaleza que nos habita, a observar y sentir sus ritmos. Volvernos sensibles a lo pequeño y sencillo al hogar interno y externo, mantener prendida nuestra luz.

Rem

Identificar los automatismos, practicar la paciencia y aceptación de los ritmos vitales. Estamos en evolución constante, aprendemos a través de cada intento, al ir hilando el tapiz de nuestra vida.

Desatar las excusas y tejernos de cuidado, plantando las semillas (ideas, proyectos, sentires) que queremos ver florecer en nuestro jardín interior. Poner amor y atención a lo que hacemos, incluso al sacar las malas hierbas de nuestro jardín interno. Día a día desarrollar el arte de amarnos profundamente con nuestros mares en calma y abismos.

Amarse es un arte, requiere sensibilidad, atención y práctica constante.

Amarse significa mirase, desconocerse y reconocerse, como un latido constante, donde redescubrir la belleza y ser transformados a través del arte de VIVIR.

Abrir ventanas a nuestro interior, descorrer las cortinas.

Interrogarse y navegarse.

Aunque a menudo no tengamos las respuestas, no desanimarse, seguir  jugando, experimentando, creando, viviendo…

Tal vez lo que buscamos, también nos busque.

Tal vez el tesoro, está escondido dentro de cada ser.

A menudo, no vemos aquello que tenemos delante.

Lo damos por hecho desde la mirada de lo conocido.

La perdida nos conecta con la vulnerabilidad y la inocencia.

Es como miramos y vernos por primera vez.

Abriéndonos a una nueva intimidad.

berta

Hoy te invito a abrir un espacio de observación, exploración y conexión.

Hoy abro un espacio de agradecimiento y reconocimiento. Te agradezco que estés leyendo este texto y formes parte de él.

Agradezco que haya seres humanos valientes que buscan encontrarse, conocerse, perdonarse y amarse a través de su camino de vida.

Agradezco poder acompañar personas en sus procesos de desarrollo. A todas y cada una que habéis compartido tramos de vida en estos 10 años de práctica ya sea en la consulta y/o acudiendo a las charlas.

Agradezco vuestra valentía y compromiso al mirar hacia dentro y conectar con la vida y el duelo y las crisis existenciales. Y por la belleza que se desprende al vivir desde la propia verdad, sintiendo y expresando, floreciendo y compartiendo.

Hoy sigo abriendo un espacio de conciencia y desarrollo humano de encuentro, en tiempos de crisis y duelo, un lugar donde contactar el amor, la creatividad y la sabiduría que nos habita.

De momento la vida propone un nuevo reto de hacerlo online, espero que a su debido tiempo, podamos volver a encontrarnos también presencialmente.

Hasta entonces, si así lo sientes, estoy encantada de caminar contigo acompañándote, aquí y ahora, exactamente donde estás.

Si deseas más información o reservar tu sesión de terapia individual puedes hacerlo aquí: contacto

Abismos

Sólo por hoy.

Me permito ser abismo

observo

lo que es

danzo

 profunda y terrenal.

Soy

 belleza,

roca,

 noche

pájaro-mar.

Solo por hoy

observo mi ritmo.

 

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Berta Torres Gascón

Psicóloga Especialista en Terapia Duelo Barcelona

La Soledad

La soledad
es un recurso muy valioso
que vamos descubriendo
al crecer.

La sol-edad
es encontrar el sol
en nuestra propia presencia.

Crear y abrir espacio
donde ser y sentir.

A veces nos cuesta mirar hacia dentro.

A veces nos da miedo sentir y abrir.

En nuestra sol-edad
hay un espacio disponible
donde habitarse.

A veces a través del encuentro
de lo humano,
empezamos a darnos cuenta
del sol que nos ilumina
desde nuestro interior.

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Berta Torres Gascón

Psicóloga especialista en Duelo y Crisis existenciales.

Terapia Duelo Barcelona

La impermanencia

flower-3876195_1280Los finales y los cambios están presentes en nuestra vida, incesantemente.

Así como las olas del mar golpean la playa en su devenir.

Continuar leyendo “La impermanencia”

Las raíces del sufrimiento

Las raíces del sufrimiento se arraigan profundamente en el mundo en el que vivimos. Nuestro mundo interior y el exterior, son uno, así como los márgenes del camino son una sola senda. El sufrimiento reaparece como las malas hierbas que vuelven a crecer en nuestro corazón y que con atención, paciencia y amor vamos limpiando.

Es esencial cuidar nuestro jardín interior, sembrando las acciones y los pensamientos que queramos cosechar. Es importante darnos cuenta la importancia de cuidarnos en situaciones dónde la muerte o lo finales están presentes, pues nos sentimos profundamente solos y vulnerables. Son unos momentos tremendamente frágiles y dolorosos, dónde fácilmente podemos quedarnos atrapados/as en la tristeza y el dolor, promoviendo que el sufrimiento se instale en nuestra vida.

La tristeza, la soledad y el vacío son inevitables cuando muere un ser querido/a, las nubes de la tristeza, rabia, soledad van y vienen, descargan como la lluvia en el mar. Emociones que al expresarse nos ayudan a descargar nuestras tensiones internas.

El sufrimiento es evitable, es una elección. Son el fruto que cosechamos con los actos y pensamientos que decidimos ‘alimentar’ en nuestro día a día.

¿Cómo podemos ayudarnos a salir del pantano del sufrimiento estéril?

¿Cómo salir de ese círculo vicioso negativo?

¿Crees que eres una víctima indefensa e impotente?

¿Mejoraría tu mundo si bajaras al corazón y empezarás a limpiar esas malas hierbas?

¿Cómo bajar a nuestro corazón?

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Te ofrezco un espacio donde parar y encontrar el camino a tu corazón. Para concretar una cita aquí